UN LLEGAR, ESTAR Y COMPARTIR GRATUITO

Desde hace algunos años, soñaba y deseaba tener experiencia de misión en la Selva y por alguna razón no se daba. Sin embargo, cuando menos imaginaba, llegó la oportunidad. Nuevas Generaciones (grupo de hn@s juniores) anuncian que se aperturan cupos para ir de misión por unos días a Puerto Maldonado. De pronto la ilusión, la alegría y la esperanza se apoderan de mí hasta el punto de decir: ¡Al fin, esta es mi oportunidad! Y sin dudar empecé a compartir con mis hermanas esta iniciativa, gracias a Dios la respuesta fue afirmativa.
Al fin llegó el día. Con el corazón alegre, dispuesta y aperturada a dejarme sorprender por la novedad que traería esta experiencia, despegamos de Lima a Puerto Maldonado juntamente con mi compañera y aliada de aventuras Rut, Hermanita de la Asunción de la República Democrática del Congo. Mientras hacíamos el viaje, resonaba en mi interior, las palabras de Dios a Moisés “quita las sandalias de tus pies porque el lugar que pisas es suelo sagrado”, a decir verdad, esa fue una constante en toda la experiencia.

Después de dos horas de vuelo, llegamos a Puerto Maldonado. Nos acogió un calor que venía al rostro como llamas de fuego; además del calor, nos esperaba la hna. Pilar, ecuatoriana, de los Sagrados Corazones, con una sonrisa brillante, iluminada de alegría, pero también por el sudor que produce el calor, con los brazos abiertos llenos de acogida y con una familiaridad única nos da la bienvenida y su forma de SER y ACOGER nos hizo sentir en confianza, tanto así que parecía que nos conocíamos desde hace mucho tiempo.  Después de las presentaciones, nos desplazamos en un mototaxi hasta la comunidad Inter-Congregacional, barrio “Los Castaños”. En el recorrido contemplábamos el paisaje lleno de vegetación, mientras el viento jugaba con nuestros cabellos, quedábamos anonadadas de lo hermoso que era todo, si así de hermoso era la entrada, imagínense las profundidades de la selva.

La acogida, apertura y alegría que vive la comunidad Inter nos la transmitieron desde el primer día que llegamos, ya que nos hicieron sentir en casa. La comunidad está compuesta por una mexicana de nombre Cecilia, es Laica, y por tres hermanas de la congregación de Los Sagrados Corazones: Alicia, peruana; Matilde, Paraguay y Pilar de Ecuador, como vemos toda una diversidad y riqueza cultural.

En la tarde del mismo día domingo que llegamos, conocimos al otro compañero de misión Guillermo, de la congregación Marista. Ya todos junt@s empezamos el encuentro y las presentaciones, la hna, Alicia (veterana en la misión) empieza a mostrarnos el mapa de la selva y de las comunidades nativas que tiene Puerto Maldonado, ella con tanta ilusión y pasión va señalando los lugares a dónde vamos a ir. Los nombres muchas veces son los que captan y llaman la atención, y eso pasó conmigo, escuchar nombres como: El Infierno, Sonene, Puerto Pardo, Palma Real, etc. hacen que la imaginación vuele.

Llegó el momento de partir a las comunidades dónde previamente cada una había elegido ir. Rut, Puerto Pardo y Guillermo juntamente con Martina a Palma Real. Personalmente, elegí Sonene, la comunidad más alejada, además tiene frontera con Bolivia, ¿Por qué elegí dicha comunidad? Por el nombre que captó mi atención y sin conocerla me encantó. Con la lluvia encima salimos hacia el puerto donde nos esperaba la Chalupa, nuestro medio de transporte.  Rut y mi persona, ignorantes totalmente, sin saber que nos esperaba, pero con la ilusión a mil, indiferentes a la lluvia ya que era muy fuerte, de pronto, nos vimos en medio de un callejón estrecho, lleno de lodo y muy al fondo el Rio Madre de Dios y en la rivera las chalupas.

Para llegar al objetivo sí o sí, teníamos que pasar por el callejón, además   sólo podía pasar una persona con mochila encima y ahora ¿ Cómo vamos a pasar todas las cosas que llevamos?, no queda de otra, armarnos de valor y empezar a cargar ¿para eso fuimos, no? y así fue, bueno al final , el color de las zapatillas ya no se veía por el barro y por la lluvia, nuestra ropa mojada, pero no importa, nuestro objetivo es llegar y nos quedaba un largo recorrido y aventuras por experimentar, así que para adelante no más. Ya en la chalupa, con el miedo encima (primera vez en ella) con tantas preguntas, con la ropa mojada, con la lluvia que no cesaba y con el río cargado, el motorista puso en marcha la chalupa, ¡oh que experiencia y maravilla aquella! sentir golpear el aire y la lluvia en tu rostro, y de pronto verte rodeada de árboles, acompañada con el sonido del rio y con el canto de las aves, con buena compañía, ¡es único y gratificante! Y esto por siete horas, es toda una aventura.
Después de seis horas, llegamos a la primera parada, Puerto Pardo (comunidad ribereña), ahí se quedan las hnas. Rut y Alicia. Es una comunidad hermosa, de gente acogedora y alegre.

Como llegamos a la hora del almuerzo pues nos toca llenar nuestros estómagos hambrientos, acondicionamos una mesa grande y acompañadas con algunos comuneros compartimos ricos juanes, típicos de la zona, reposamos un poco y de nuevo nos toca seguir rio abajo con destino a Sonene. Somos menos gente, pero igual disfrutamos a lo máximo la travesía. Después de una hora llegamos a la comunidad nativa Ese’Eja, lo primero con lo que se cruzan nuestros ojos son con unos niños risueños, con una estabilidad y equilibrio único al momento de   pararse en las chalupas, así como con una habilidad singular para nadar y cruzar el río Jip, es sorprendente. Después de unos minutos llegan más personas a recibirnos, entre ellos el comunero y presidente de la comunidad y tras él más personas.

Nos toca caminar cuesta arriba por unas escaleras de madera, bien acondicionadas; a mitad de las escaleras está el único tanque de agua, de donde se abastece toda la comunidad y alrededor de éste, hombres y mujeres lavando y bañándose, es lo primero que capta mi atención (no hay vergüenza). Mientras seguimos subiendo contemplo palmeras inmensas y otros árboles de la zona. Terminada la subida, de pronto nos encontramos con una llanura hermosa, rodeada de casas y de vegetación, con más niños jugando en el espacio, ¡qué hermoso era lo que contemplaban mis ojos! Es como llegar al paraíso.

El presidente nos instala en una casa que sirve de artesanía llamada Masheke (lobo de río), ahí armamos nuestras carpas, y como era tarde y por el cansancio descansamos. Mientras la hna. Pilar se pone en contacto con la señora Griselda quien amablemente acepta brindarnos la comida hasta el día que nos quedemos ahí.

SONENE, una comunidad Ese’Eja que nos impresiona con la creatividad, acogida, nobleza y belleza de sus tejidos y su gente, junto a ellos se siente una parte de su comunidad, como en el mismo tejido. Las mujeres Ese Eja son pieza clave ya que son las primeras en preservar y transmitir sus técnicas de tejido y teñido, así como su lengua originaria y costumbres. La comunidad de Sonene cuenta con una gran diversidad de flora y fauna que son cuidados y preservados con tanta delicadeza, ellos cuentan con semillas como el Tamshi, las castañas, el Wicungo, las colpas, así como con fibras vegetales variadas, entre otros, estos sirven para artesanía que es el medio de sustento para su comunidad. La comunidad nativa son cazadores, pescadores-recolectores mas no cultivadores.

Los días que nos toca compartir con la comunidad son cortos pero profundos, lo primero que rescato es contemplar como el sol despierta muy temprano y con él la comunidad nativa, quienes se van reuniendo en el lugar del ENCUENTRO, debajo de una enorme planta de mango, es frondosa, en el calor da sombra y trae aire fresco, pero sobre todo es testigo de muchas tertulias, historias, alegrías, proyectos, sueños, tristezas, etc.  Los días pasan a gran velocidad, pero los momentos de compartir, los partidos de futbol, y el escuchar a los adultos y a los niños hacen que uno se enamore del lugar, sobre todo la paz, la calma que se encuentra, es lo más hermoso y gratificante, como menciona Mª Belén Sánchez Gil. "… Es una de las experiencias más bonitas, salir al encuentro como Jesús, de gente tan auténtica y a la vez tan olvidada por el Gobierno en temas de salud, educación, infraestructuras… que viven con mucha sencillez y que te acogen, te dan de comer, te dejan un sitio para estar, que son una verdadera comunidad donde el problema de uno es el problema de todos, y donde se buscan soluciones en conjunto. Tenemos tanto que aprender de ellos… para hacer vida la alegría del Evangelio…

Estas experiencias te abren los ojos a otra realidad, que te enseña a vivir desde lo sencillo, con naturalidad, a saber, ser feliz con poco y a compartirlo con todos los que tienes al lado; te abren los oídos para escuchar a Dios en los otros, la naturaleza, la voz de las comunidades nativas, en muchos casos olvidadas por todos… Te abren la mente, ante grandes problemas como la trata, la minería ilegal, o las injusticias que se cometen en la explotación de materias primas (madera, oro…), la precaria infraestructura para la educación, así como necesidad de profesores, además carecen de un puesto de salud y profesionales. Sin embargo, a pesar de tantas necesidades no falta el calor humano de la acogida, pero, sobre todo, te llenan el corazón de VIDA.

En pocos días (cortos, por cierto) hemos hecho un poco de todo, pero, sobre todo: estar, sentir, aprender, compartir, disfrutar y visitar. Estos días aquí como dice Alexia Gordillo, subdirectora de Selvas Amazónicas, Aprendes que la vida pesa más allí donde la compartas, donde escuches, donde sonrías… donde cuando nos liberamos del rol de “lo que tiene que ser” y de lo que “se debe hacer”, carecen de sentido e importancia frente a la comunidad, libertad, unidad y amor que sienten y transmiten, no hay comparación.

Llegó el día de volver, solo agradecer a Dios, a mi comunidad, a la comunidad Inter y a Nuevas Generaciones por la oportunidad dada. Como dice   Madre Gloria, salesiana, guardo en la memoria del corazón muchos nombres, muchos rostros, experiencias vividas y compartidas. Gracias también a las Dominicas del Rosario, hermanos Maristas por mostrarnos su talante de misioneros, totalmente inculturizados, por enseñarnos a seguir con ilusión y entrega a pesar de la edad, por saber acoger en su casa con tanta confianza, sobre todo, por su testimonio de vida donde la diversidad cultural es una riqueza. Quedé muy cuestionada, conmovida, interpelada y agradecida, al darme cuenta que hay muchos misioneros extranjeros que dejándolo todo apuestan por la selva, quiero nombrar a algunos países de donde l@s misioneros pertenecen, España, Angola, Filipinas, Paraguay, Ecuador, México, tengo entendido que existen muchos más. Por eso, quiero invitar a que más herman@s tomen en cuenta y se sumen y aprovechen estas oportunidades ya que nos ayudan a abrir los ojos, a salir de nosotros mismos y contemplar la sencillez de la vida desde otra óptica, además adquirimos más insumos en nuestra formación….

Estar en Sonene, como dice Alexia Gordillo,Es ver, sentir y descubrir que tus ojos adquieren una riqueza nueva, donde al regreso nunca seremos los mismos. La misión se queda dentro, en lo profundo de cada uno”.

Gracias, gracias, por UN LLEGAR, ESTAR Y COMPARTIR GRATUITO. 


Yubet Rocío Barboza Miranda 

Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús.