PUERTO MALDONADO, LUGAR DE ENCUENTRO CON EL DIOS DE LA VIDA.

Desde hace algún tiempo, el Hno. Ernesto Sánchez, fms; Superior General de los Hermanos Maristas, nos invita a ser hogares de luz, personas que sepamos acoger y hacer sentir en casa al otro, producto de una espiritualidad profunda. Y considero que es la mejor expresión para describir a la comunidad intercongregacional e itinerante de Puerto Maldonado. En la Amazonía, en medio de sus alegrías y dificultades, hay un grupo de mujeres que abren paso a la esperanza y, como un farol, van iluminando caminos, abriendo otros y, sobre todo, dando calidez en el trato con quienes comparten vida. 

Nosotros, tres religiosos de Nuevas Generaciones, llegamos a Puerto Maldonado, cómo María en la anunciación, con el corazón alegre, pero con la incertidumbre de cómo sería la experiencia. Sin embargo, poco tiempo bastó para comenzar a comprender la misión que llevaban entre manos las Hermanas de los Sagrados Corazones: Alicia, Martina, Pilar y la Srta. Cecy, laica mexicana; así como empezar a sentirnos como hijos de la casa.

 Luego de un tiempo de discernimiento sobre los lugares de misión en la rivera del río Madre de Dios, se fueron armando las parejas de trabajo: la Hna. Pilar con la Hna. Rocío irían a Sonene, la Hna. Alicia y la Hna. Ruth a Puerto Pardo; y la Hna. Martina con mi persona a Palma Real.

 Junto a la Hna. Martina, durante cuatro días, nos tocó compartir la realidad de la comunidad nativa de los Ese eja, un contexto con muchas dificultades, pero también, con oportunidades que invitan a la esperanza. En este tiempo compartimos, de manera especial, con los niños y adolescentes de la comunidad desde espacios de reflexión en la escuela como tiempos lúdicos en el Tambo, lugar donde nos quedábamos. Durante nuestras caminatas pudimos conocer la realidad educativa, médica y social de esta comunidad; cada momento de conversación era una oportunidad para abrir el corazón, escuchar, acoger y descubrir por dónde pasa el Dios de la vida en esta población que se hace visible en sus luchas y alegrías.

 Aunque desarrollamos algunas actividades por navidad en la escuela, siento que valoraron más nuestra presencia, el simplemente estar, jugar, cantar. Y nuestra mayor recompensa ver sus rostros alegres, miradas amigables prestas a aprender. Personalmente, ha sido una experiencia muy rica en aprendizajes y audaz en la vivencia de la sinodalidad: una religiosa de los Sagrados Corazones, un religioso Hermano Marista y un sacerdote diocesano compartiendo la misión y la vida en un corto, pero significativo, tiempo en medio de la Amazonía. 

Al regreso de esta misión compartida solo me queda el corazón agradecido y resonando una canción que conocí allí y que invitamos a cantar a los jóvenes: 

En mi pesebre, Jesús apareció 

pero en el mundo es donde nace hoy, 

vive en nuestros hermanos, con ellos está, 

y vuelve de nuevo a darnos libertad. 


Que, como nos decía el P. Champagnat, aprendamos a descubrir por dónde pasa Dios cada día en nuestra vida, quizá nos está hablando en el hermano o en el acontecimiento más sencillo.