Mensaje a la Vida Religiosa
Pueblo Libre, 02 de febrero de 2024
Queridas hermanas, queridos hermanos de la Vida Consagrada:
En el contexto de la XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se nos ha convocado del 01-04 de febrero-2024, en Roma, al Primer Encuentro en camino de Preparación al Jubileo de la Vida Consagrada 2025, por el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica: “Peregrinos de la Esperanza, por el camino de la Paz”. Y, en el contexto de un país, que no ha dejado de sangrar, cosecha de la institucionalización del sistema de muerte, “la corrupción en sus diversas manifestaciones”, como estilo del ejercicio democrático-político, enquistado en casi todos los poderes estatales, se nos invita a los y las consagradas a escuchar el clamor de los pobres, a ser cuidadores-custodios de la creación y ser solidarios/as con los hermanos/as.
Ser signo de una “sinfonía orante”, en el Perú de este tiempo, también, supone ser “sinfonía profética”, convirtiéndonos en testigas/os de la esperanza confiada, en signo de vida que acompaña en silencio contemplativo y en silencio resistente a un “pueblo que guarda en su extrañas la terca confianza, en un “Dios que sostiene su vida a pesar de las grandes nubarrones y noches, aparentemente, sin sentido y sin camino porque el Alba viene trayendo “Buenas Noticias”.
Desde allí, se nos urge a transitar el camino profético de la comunión sinodal, iluminada con la luz, de la “Pequeña Candelaria”, que acuerpa a todas las candelarias que iluminan la vida de nuestro país, de nuestras comunidades religiosas y nuestras comunidades eclesiales, con los relatos de la “memoria de sus seres queridos que se les arrebató, de manera violenta, con los relatos de la “memoria de sus territorios andino-amazónicos”, que se les sigue arrebatando y expulsando de manera violenta, con la memoria viva de nuestros mártires en la vida consagrada: “Aguchita, Irene, Miguel y Zbigniew, entre otros.
A nosotras/os se nos invita a revisitar el evangelio de Lucas 2, 22-40, y en aquella visita se nos pide contemplar, con silencio arrobador, respetuoso y en veneración contemplativa, los cuerpos vulnerados, heridos y estigmatizados de las personas excluidas del sistema religioso, social, político y económico de su tiempo, que pocas veces emergen.
El cuerpo del pequeño Jesús se asoma y llega al templo porque al cuerpo de María, le urge la purificación, está impura. Sólo, después de la purificación es posible la “proclamación mesiánica de Simeón y Ana”; son dos cuerpos envejecidos por la espera silenciosa, que guardan en sí, la revelación de Jesús, como el esperado, que su frágil y débil humanidad, trae la salvación y el consuelo para el pueblo, que no se cansa de esperar, como a los cuerpos desgastados por el tiempo de Simeón y Ana, pero fecundos de Sabiduría.
A los consagrados/as, de este tiempo, nos aguardan los cuerpos que “irrumpen la historia, los cuerpos empobrecidos, los cuerpos vulnerados traspasados por la estigmatización racial, sexual y social; los cuerpos de los territorios explotados por la depredación acumulativa de los seres humanos; sin embargo, son cuerpos teofánicos, donde sigue latiendo la Ruah Divina, revelándonos al “Dios encarnado”, en nuestra historia humana y nuestra historia cósmica, manantial inagotable de nuestra resignificación carismática y de nuestro seguimiento a Jesús de Nazaret.
Isabel Ramírez, MP
Presidenta Conferencia de Religiosas y Religiosos del Perú CRP